lunes, 4 de noviembre de 2013

PERSONAJES: Elizabeth

Es rara la década que no tenga una película erótica que la defina, que no tenga una secuencia sexual para el recuerdo. En los setenta fue El último tango en París (Bernardo Bertolucci, 1972) con su polémica escena de la mantequilla. Los noventa se ruborizaron con Instinto básico (Paul Verhoeven, 1992) y el célebre cruce de piernas de Sharon Stone. Y la película para adultos más vista de los ochenta fue Nueve semanas y media (Adrian Lyne, 1986), una película tan popular, controvertida y censurada como las otras dos. Comparte con el clásico italiano la virilidad impostada del protagonista masculino, la aventura entre desconocidos como base argumental y su visión del sexo como un campo abierto al experimento. La relación con la obra maestra de Verhoeven está en el diseño del personaje femenino principal. Evidentemente, ni las intenciones ni la suerte de la protagonista del film de Lynese corresponden con las de la enigmática escritora de Instinto básico. Pero, como ella, es una mujer independiente, inteligente, abierta de miras y, sobre todo, sexualmente liberada. 

Encarnada por Kim Basinger, entonces poco conocida aunque ya había sido chica Bond en Nunca digas nunca jamás (Irvin Kershner, 1983) y había actuado a las órdenes de Barry Levinson en El mejor (1984), o de Robert Altman en Locos de amor (1985), la Elizabeth de Nueve semanas y media es una treintañera preparada para la vida moderna. De algún modo, en ella está la génesis del cine comercial con pretensiones feministas de los últimos años. O de propuestas televisivas como Sexo en Nueva York (1998- 2004). Divorciada, cosmopolita y dotada de una aguda sensibilidad artística, la guapa galerista controla su vida. Tiene un apartamento propio, un buen trabajo y un aspecto envidiable (eso sí, su look coyuntural ha envejecido tan mal como el del film). Y, en un principio, disfruta del juego sexual que le propone John (MickeyRourke), el atractivo broker al que conoce de forma casual. 

Fueron los encuentros de alto voltaje erótico de la pareja los que hicieron de Nueve semanas, película que conoce versiones censuradas, un auténtico fenómeno comercial y convirtieron a Basinger, de quien se cuenta que usó doble de cuerpo en las escenas subidas de tono, y a su compañero Rourke en símbolos sexuales. La mítica secuencia en la que Elizabeth y John retozan en un callejón bajo la lluvia disparó la temperatura de las salas de cine. Lo mismo ocurrió con esa escena en la que la protagonista, vestida con un picardías de seda blanco, le hace un streeptease a su chico mientras suena You Can Leave Your Hat On de Joe Cocker. Pero los momentos que crearon polémica fueron los que revelaban la naturaleza masoquista de los lazos de la pareja. Basinger, que fue nominada a los Razzie (los anti-Oscar) por su trabajo, encarnó con entrega a una mujer que empezaba una relación basada en el juego erótico y acababa sintiéndose víctima del hombre al que amaba. Lyne no cargó las tintas a la hora de materializar las perversiones sexuales de John, pero, como era de prever, las mentes bienpensantes creyeron encontrar un punto de exhibicionismo en sus insinuaciones, sobredimensionaron el asunto y pusieron el grito en el cielo. Mala jugada la suya: con sus afiladas críticas despertaron la curiosidad del común mortal y contribuyeron a la rotunda popularidad de la película.


UNA Y NO MÁS 
Consciente de que haber encarnado el personaje de Elizabeth podía encasillarla, Basinger dosificó el erotismo en sus posteriores filmes. Rourke, en cambio, rodó cuatro años después el desastroso thriller sexual Orquídea salvaje (Zalman King,1990), dirigido por uno de los productores de Nueve semanas.

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