lunes, 4 de noviembre de 2013

PERSONAJES: Sandy Olsson

Nacida en Cambridge y criada en Melbourne, Olivia Newton-John ya tenía cierto currículo y unos cuantos admiradores antes de participar en Grease (Randal Kleiser, 1978). De adolescente, había arrancado en Australia con un grupo vocal de chicas, había representado a Gran Bretaña en el Festival de Eurovisión de 1974 -edición en la que quedó en cuarto lugar, perdiendo ante los suecos ABBA- y las canciones de su primer disco estadounidense habían entrado con fuerza en las listas de éxitos. Era algo así como la nueva promesa del pop-country cuando decidió embarcarse en uno de los musicales más populares de la historia, en la película que acabó de lanzarla como cantante y la convirtió en sex symbol. Irónicamente, también fue el título que frenó su carrera en el cine. Podría haberse convertido en una estrella tras el éxito de Grease, pero sus únicas películas posteriores más o menos populares fueron el musical basura Xanadú (Robert Greenwald, 1980) y Tal para cual (John Herzfeld,1983), especie de comedia celestial donde repetía con John Travolta, su compañero en la cinta de Kleiser. Esta última fue producto de una estudiada estrategia comercial, pero no tuvo el éxito esperado.

La cándida Newton-John solo brilló una vez en pantalla grande. Eso sí, lo hizo con uno de los personajes femeninos más carismáticos del cine moderno, un emblema de la cultura popular. Sandy Olsson, adolescente australiana de buena familia, vive una cándida historia de amor durante unas vacaciones. Ingenua y virginal, cree que jamás volverá a ver al encantador desconocido con quien pasó el verano. Cree mal. Debido a una decisión familiar de última hora, se queda a vivir en Estados Unidos y descubre que el chico de sus sueños va a su mismo instituto. Eso sí, el Danny Zuko que encuentra no solo no tiene nada que ver con el chaval con quien correteó por la playa, sino que además hace ver que no la conoce. Kleiser sintetizó en los contrastes de la pareja el espíritu de los cincuenta, el choque entre el conservadurismo y el deseo de libertad, entre el sonido y la estética añejos y la furia del rock and roll. Encarnado por John Travolta, que afrontó, como en Fiebre del sábado noche (Saturday Night Fever, John Badham, 1977),un personaje chulesco, Zuko era todo cuero, patillas y brillantina y le dedicaba una canción a su coche. Sandy, en cambio, lucía faldas tobilleras de vichí, llevaba coleta y un flequillo superpop, y encadenaba baladas-lamento. 

Nuestra rubia angelical personificaba el mainstream y, de algún modo, sus esfuerzos por recuperar a su chico eran una metáfora de la apertura de la sociedad estadounidense a los nuevos tiempos. Como la Eliza Doolittle de Pigmalión (Anthony Asquith y Leslie Howard, 1938), la protagonista de Grease tomaba clases para ser otra. Aceptaba los consejos de las Pink Ladies, sus nuevas amigas, chicas con tacones y pintalabios y sin miedo al sexo. Tan esquemáticas como el resto de personajes, esas mujeres "modernas", a años luz de la clasicota protagonista, transformaban a Sandy en la persona que debía ser para seducir a su amado y empezar a ser feliz. La secuencia en que Sandy vuelve a conquistar a Zuko, aquella en la que se enfunda unas mallas negras, se calza unos taconazos rojos y canta y baila con él la mítica You're the One That I Want convirtieron a Newton-John en la actriz de moda, en la chica que ellas admiraron y ellos desearon. También relanzó y reorientó su carrera como cantante: sus discos arrasaban y su estética y su sonido perdían en candidez y ganaban en picardía.



MICHELLE FUE EL RELEVO
Cuatro años después del estreno de la famosa cinta de Kleiser, vio la luz el musical Grease 2 (Patricia Birch, 1982). En ella, la "moderna" era la chica. Encarnada por Michelle Pfeiffer, la protagonista se sentía atraída por un inglés (Maxwell Caulfield) de look anodino y maneras refinadas.

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